jueves, 5 de octubre de 2017

Desde quien soy

Hola. Estoy aquí. Sigo aquí. Quizá ha pasado demasiado tiempo. Quizá ya me has olvidado. O quizá, sólo quizá, estabas esperándome. Yo sí he estado esperando que saliera algo, algo que mereciera la pena poner en palabras, algo, por muy efímero que fuera, que hiciera a las palabras brotar. Y aquí está.

Siempre he presumido de ser una persona de esas… como se dice… “echada pa’lante”. Nunca entenderé esa expresión. Pero sí, básicamente es lo que he sido y lo que espero seguir siendo. De esas que da el primer paso, de las que se guía al ritmo de “el no ya lo tienes”, de las que se arrepienten antes de lo hecho que de lo no hecho. Algo así, sí.

Hace un año más o menos empecé la que sería la mayor aventura de mi vida hasta ahora. Imagínate. Yo, con mis 25 años de entonces, acostumbrada a lo mío, a lo que no es de nadie más, acostumbrada a mi ciudad, a mis planes, a mi vida de siempre. Yo, recorriendo el mundo solo con una mirada, aprendiendo gestos del otro lado del océano, costumbres, palabras, lenguajes, conociendo personas que se convertirían, sin lugar a dudas, en el gran amor de mi vida. Personas que por a o por b, e incluso por c, ya no están. No están aquí, en esta ciudad que tanto compartimos, ni tampoco están en aquel edificio blanco, antiguo, de techos altos que durante mucho tiempo estuvimos llamando casa. Y yo, cobarde, cuando tuve la ocasión de decirles todo lo que eran, todo lo que son, y todo lo que siempre serán, cerré el pico, callé la boca, y cobarde sí, muy cobarde, no tuve el valor de levantarme para gritar a los cuatro vientos que lo que es de verdad no acaba nunca. Y que crecí el día que me cogieron de la mano.



Hoy no escribo desde Salem, ni siquiera escribo desde como era. Escribo, por primera vez, desde quien soy. Y desde quien quiero seguir siendo.

Antes de que todo empezara escribí en un papel mi nombre, mi edad, mis estudios, mis inquietudes, escribí quien era. Y eso lo hicimos todos. Hoy, un año después, leo y releo esas palabras y sé que si pudiera volver a escribirlas, serían otras distintas, con otra esencia. Porque no soy la misma persona que era, y estoy muy orgullosa de poder decirlo en alto. He crecido. Gracias a ti. Porque estás tú, detrás de mi mejor yo.

Y hoy solo quiero decirte esto.

La calidad del amor no se mide –jamás- por la duración en el tiempo. Hay amores intensos que duran solo unos meses y otros que aunque duran años, apenas se consideran amor. Son otra cosa, pero no amor. Lo nuestro fue –y es- amor del bueno, del que supera el tiempo y el espacio, del que te hace volar durante horas para recibir un abrazo a la entrada a la terminal, del que te pone la piel de gallina cuando escuchas una canción, porque cierras los ojos y ya no estás parada en el vagón del metro, no, estás subida en tus tacones, mirando a tu alrededor y sintiéndote afortunada. El nuestro es ese tipo de amor. El de los buenos.

jueves, 8 de junio de 2017

La suerte de mi vida

Prefiero despedirme ahora, ahora que estás, que te puedo abrazar cuanto quiera hasta exprimir mis emociones, evitando que cualquier retal de mi amor por ti se quede en el camino. Prefiero despedirme ahora, ahora que estás y que vas a seguir estando. 

Porque solo tú entiendes mis palabras, solo tú entiendes por qué he llorado y por qué he reído más todavía. Solo tú comprendes que las noches ya no volverán a estar vacías y que el mundo entero se nos queda pequeño porque lo recorremos sólo con mirarnos. Solo tú sabes que escribo estas palabras, sentada en el mismo lugar donde me encontraste, perdida, desorientada. Y ahora te escribo, aquí, con la fuerza que me diste cuando me cogiste la mano y me dijiste que 'para siempre' existe, y somos nosotros


He crecido tanto que ya no recuerdo quien era antes de conocerte. Perdida, desorientada, muerta de miedo. Ese mismo miedo que olvidé en una azotea de Madrid, mientras que a base de vinos me decías que todo iría bien, que disfrutara de las vistas de estas ciudad, la mía. Aquel día, una imagen que se había repetido en mi retina más de un millón de veces, se veía diferente, los colores, más intensos. Porque contigo (me) he descubierto, he quitado la coraza y he dejado solo el corazón. 

Pero ahora me azota otro miedo. El miedo de no quererte tan lejos, porque cualquier calle más allá de la nuestra es una distancia que no quiero recorrer. No sin ti. 

Di que no te vas, di que te quedas conmigo, donde quiera que eso sea. Di que volvemos a empezar. Di que seguirás estando conmigo cuando caiga al vacío, cuando mis errores me castiguen, cuando la realidad me pueda. Di que estarás conmigo para mirarme y sin palabras, hablar. Di que seguirás calmando mis malos ratos. 


Quiero seguir buscando leche de almendra en las cafeterías, quiero seguir escuchando tus tacones a lo largo de los pasillos y verte llegar tarde, con una sonrisa, como si aquello no fuera contigo. Pero sabes que te espero llegar, que siempre te he esperado. Quiero seguir celebrando mis éxitos, y los tuyos, que siempre son los nuestros, con vistas al futuro y con el atardecer decorando tu copa de vino. 

Quiero seguir viendo cómo me miras cuando demuestro, una vez más, que soy ese desastre que siempre dices. “You are a mess, a beautiful mess”, me dijiste una vez. Nunca antes me dijeron tal verdad, ni me retrataron con tanta precisión y belleza. Y crecí, y todavía crezco, mientras te veo brillar y convertirte en la mejor persona del universo –porque el mundo se te queda pequeño.

Si la vida son dos días, déjame pasarlos contigo.





For you, always you, who share my long hours:

(I prefer to say goodbye now. Now that I have you, now that you are here, now that I have the opportuniy to hug you whenever I can, until I squeeze and pour my emotions out, and avoiding any pieces of my love for you from being left behind. I prefer to say goodbye now, now that you are here and that you will continue being. Because you are the only one that understands my words, only you, understand the reasons behind my tears and the reasons behind my many, many laughs. Only you, realize that nights won’t be an empty abyss again, and that the world has become infinitely small as we cross and break man-made barriers, only by a look. Only you, know that I write these words, seated in the same place where you found me; lost, disoriented, and confused. But now I am writing, with the strength you gave me when you hold my hand and told me that an eternal forever indeed exists. I’ve grown so much that I don’t remember who I was before I met you; lost, disoriented, scared to death. That same fear was left behind on a rooftop in Madrid, with a glass of wine in hand, you told me that everything would be alright and asked me to enjoy the views of the city, my city. That day, an image I have already seen a million times seemed different, brighter, novel. With you, I have discovered (myself), I have removed the shield and left only the heart. But now a different fear is beating me; the fear of having you far away, as any street beyond ours is a distance I don’t want to cover. Not without you. Say you won’t go. Say you would stay with me wherever that is. Say we will begin again. Say you will stay with me when I fall over the edge, when my mistakes punish me, when reality overwhelms me. Say you will be with me speaking without the need of words. Say you would keep relieving my worst of times.
I want to keep looking for almond milk, I want to keep hearing your high heels across the hallway and see you arriving late with a smile, as it was not your issue. But you know I always wait for you, I always have. I want to keep celebrating my success, your success, which will always be ours, and looking towards the future with the sunset whilst adorning your wine glass. I want to be able to keep watching you look at me when I prove, once more, that I am that mess, that beautiful mess you have always adored. Never before was I told such truth, neither was I portrayed with such accuracy and beauty. And as I grow and I am still growing while I watch you shine and turn into the best person of the universe –because the world cannot handle your spirit).