jueves, 8 de junio de 2017

La suerte de mi vida

Prefiero despedirme ahora, ahora que estás, que te puedo abrazar cuanto quiera hasta exprimir mis emociones, evitando que cualquier retal de mi amor por ti se quede en el camino. Prefiero despedirme ahora, ahora que estás y que vas a seguir estando. 

Porque solo tú entiendes mis palabras, solo tú entiendes por qué he llorado y por qué he reído más todavía. Solo tú comprendes que las noches ya no volverán a estar vacías y que el mundo entero se nos queda pequeño porque lo recorremos sólo con mirarnos. Solo tú sabes que escribo estas palabras, sentada en el mismo lugar donde me encontraste, perdida, desorientada. Y ahora te escribo, aquí, con la fuerza que me diste cuando me cogiste la mano y me dijiste que 'para siempre' existe, y somos nosotros


He crecido tanto que ya no recuerdo quien era antes de conocerte. Perdida, desorientada, muerta de miedo. Ese mismo miedo que olvidé en una azotea de Madrid, mientras que a base de vinos me decías que todo iría bien, que disfrutara de las vistas de estas ciudad, la mía. Aquel día, una imagen que se había repetido en mi retina más de un millón de veces, se veía diferente, los colores, más intensos. Porque contigo (me) he descubierto, he quitado la coraza y he dejado solo el corazón. 

Pero ahora me azota otro miedo. El miedo de no quererte tan lejos, porque cualquier calle más allá de la nuestra es una distancia que no quiero recorrer. No sin ti. 

Di que no te vas, di que te quedas conmigo, donde quiera que eso sea. Di que volvemos a empezar. Di que seguirás estando conmigo cuando caiga al vacío, cuando mis errores me castiguen, cuando la realidad me pueda. Di que estarás conmigo para mirarme y sin palabras, hablar. Di que seguirás calmando mis malos ratos. 


Quiero seguir buscando leche de almendra en las cafeterías, quiero seguir escuchando tus tacones a lo largo de los pasillos y verte llegar tarde, con una sonrisa, como si aquello no fuera contigo. Pero sabes que te espero llegar, que siempre te he esperado. Quiero seguir celebrando mis éxitos, y los tuyos, que siempre son los nuestros, con vistas al futuro y con el atardecer decorando tu copa de vino. 

Quiero seguir viendo cómo me miras cuando demuestro, una vez más, que soy ese desastre que siempre dices. “You are a mess, a beautiful mess”, me dijiste una vez. Nunca antes me dijeron tal verdad, ni me retrataron con tanta precisión y belleza. Y crecí, y todavía crezco, mientras te veo brillar y convertirte en la mejor persona del universo –porque el mundo se te queda pequeño.

Si la vida son dos días, déjame pasarlos contigo.





For you, always you, who share my long hours:

(I prefer to say goodbye now. Now that I have you, now that you are here, now that I have the opportuniy to hug you whenever I can, until I squeeze and pour my emotions out, and avoiding any pieces of my love for you from being left behind. I prefer to say goodbye now, now that you are here and that you will continue being. Because you are the only one that understands my words, only you, understand the reasons behind my tears and the reasons behind my many, many laughs. Only you, realize that nights won’t be an empty abyss again, and that the world has become infinitely small as we cross and break man-made barriers, only by a look. Only you, know that I write these words, seated in the same place where you found me; lost, disoriented, and confused. But now I am writing, with the strength you gave me when you hold my hand and told me that an eternal forever indeed exists. I’ve grown so much that I don’t remember who I was before I met you; lost, disoriented, scared to death. That same fear was left behind on a rooftop in Madrid, with a glass of wine in hand, you told me that everything would be alright and asked me to enjoy the views of the city, my city. That day, an image I have already seen a million times seemed different, brighter, novel. With you, I have discovered (myself), I have removed the shield and left only the heart. But now a different fear is beating me; the fear of having you far away, as any street beyond ours is a distance I don’t want to cover. Not without you. Say you won’t go. Say you would stay with me wherever that is. Say we will begin again. Say you will stay with me when I fall over the edge, when my mistakes punish me, when reality overwhelms me. Say you will be with me speaking without the need of words. Say you would keep relieving my worst of times.
I want to keep looking for almond milk, I want to keep hearing your high heels across the hallway and see you arriving late with a smile, as it was not your issue. But you know I always wait for you, I always have. I want to keep celebrating my success, your success, which will always be ours, and looking towards the future with the sunset whilst adorning your wine glass. I want to be able to keep watching you look at me when I prove, once more, that I am that mess, that beautiful mess you have always adored. Never before was I told such truth, neither was I portrayed with such accuracy and beauty. And as I grow and I am still growing while I watch you shine and turn into the best person of the universe –because the world cannot handle your spirit).

lunes, 18 de julio de 2016

How to save a life

Lo bueno de las despedidas es que duran un suspiro; lo malo, precisamente eso. Estaría despidiéndome de ti todo el tiempo, con tal de no hacerlo del todo.

Viviría entre las paredes de este aeropuerto si con ello siguiera aquí, atada a ti. 

Todavía siento los latidos de tu corazón y el mío, alejándose a medida que mis pasos, lentos y precavidos, huían del campo de batalla. 

Miré hacia atrás una vez –esto no te lo dije- y te vi, buscando despistado la salida. Del aeropuerto y de mi vida. Porque los dos sabíamos lo que era esto: una despedida, de las de verdad. De las de “todos los caminos llevan a Roma”, pero a mí me estaban llevando en dirección contraria. 


Y se quedaron tantas cosas por decir y sentir. Nos faltó tiempo. Por faltar, faltaron tantas y tantas cosas… Si te tuviera delante te diría que te mentí cuando te dije que podría haberme enamorado de ti. Lo hice. 

Me enamoré de ti y de tu forma de cantar en el coche, moviendo las manos al ritmo de los acordes de una guitarra que no estaba ahí. Y me mirabas, divertido. Te gustaba hacerme rabiar quitando las manos del volante. Y entonces yo te abrazaba despacio, apartándome en seguida para repetir contigo el estribillo. No se toca al conductor, decías siempre. Pero te gustaba que te diera la mano para besarla con fuerza. 


Me enamoré de tu mirada y de la forma en la que me sujetabas para que no cayera. Así estabas tú, salvándome. De los adoquines, del calor, e incluso de mí misma. Y me encantaría gritar(te)lo. Me has salvado. Me has salvado. Me has salvado. Y ahora sin ti, ¿qué? Dame la respuesta, igual que me has dado cien anteriores.

Me enamoré de tus promesas. Cumplidas. Todas. Jamás conocí a nadie tan a favor de su palabra. Me prometiste llevarme lejos y así lo hiciste. Me prometiste enseñarme tu mundo y no fallaste. Y ahora, cuando te pido que me prometas que no saldrás de mi vida, te ríes y guiñas un ojo, sabiendo que eso es lo único que no puedes asegurarme. 


Porque me enamoré de ti a pesar de que me avisaste. Tengo el corazón cerrado, aquí no cabe nada. Lo que no te dije es que somos dos corazones rotos que pueden formar uno completo. Y con eso nos basta. Y a mí me sobra.

Y que aquí, escuchando el mar, estoy tan lejos de ti que ni siquiera sé si compartimos la misma luna. Y te echo de menos. A ratos. No todo el tiempo. Cuando no te echo de menos es porque pienso en todo lo que tuvimos, y en todas las ganas que tengo de escucharte cantar(me). Corazón espinado.