jueves, 17 de octubre de 2013

Lo que ella fue

Hace tiempo que no pensaba en ti. Me has dado una tregua en este maldito despropósito de joderme todo lo que hago, lo que digo y lo que pienso. Me has dado tiempo para reconstruirme, empezar de cero, volver a nacer. Pero aquí estás otra vez. 



Me pregunto si seguirás durmiéndote con la cara pegada al teclado del ordenador y si seguirás despertándote a cuadros. Si te sigue gustando el chocolate blanco más que cualquier otra cosa y si sigues pensando que el pescado está mejor siendo pez. 

Quisiera saber si sigues leyendo novelas rosas y si habrás encontrado a tu príncipe azul. Si tus zapatos siguen estando tirados en el armario y si continuas metiendo los pantalones en la secadora para que encojan antes de una noche de viernes.



Me pregunto si sigues echando de menos las noches de desvela, las películas de Disney y las cenas a deshora. No sé si te acordarás de los viajes, de los trenes a Hogwarts y de los helados de cinco bolas. Yo los recuerdo todos. 

Me pregunto si te sigue gustando más la playa que la montaña y si sigues diciendo a la gente que veraneas en una isla. Si sigues viendo todas las telenovelas que echan en Nova y si sigues pensando que madrugar es cosa de marcianos.



Me pregunto si sigues comiéndote solo los m&m marrones porque "son más naturales", y si sigues atiborrándote a gimnasio. Si sigues pensando que te pareces a aquella actriz de cine y si las alitas de pollo te siguen recordando a nuestra infancia.

Creo que no quiero saber de ti. Duelen las despedidas pero duele más no haberlas tenido. Me pregunto si tu pensarás lo mismo, si sigues igual de morena y si tu coche sigue rugiendo en plena sabana africana.



Quisiera decirte tantas cosas. No he pensado en ti, no he querido hacerlo. Duele la ausencia de quien una vez fuiste, no de quien eres ahora. Me pregunto si algún día leerás esto, o harás como con aquella biografía de Marilyn que seguramente siga en el asiento trasero de tu coche. 

No recuerdo bien la última vez que te vi, ni hace cuánto fue. Tampoco me acuerdo de lo que te dije ni si te di un beso antes de irme, irte o irnos, o si fue un abrazo de esos que transmiten vida.

Me pregunto tantas cosas. Y sé que tú ninguna. Me dijeron una vez que me abrazara a quien me abrace, y tú dejaste de abrazarme hace tiempo. 


lunes, 14 de octubre de 2013

Declaración de intenciones


Copiando a Neruda, yo también puedo escribir los versos más tristes esta noche, puedo escribir que le quiero, que mi estado de humor depende de su sonrisa y que sus palabras bien son puñales o pueden convertirse en leves caricias. 

Sus manos son mejor sensación que las sábanas frías y me gusta su boca tanto como despertarme tarde. Puedo imitar a Salem diciendo que por verle feliz me marcharía, pero que para hacerle feliz permanezco, pero sería una mentira, como otras tantas que se dicen. 



Soy demasiado egoísta como para irme de su lado y dejar que otra persona ocupe un lugar que únicamente a mí me pertenece. Soy egoísta y me enorgullezco, no quiero que nadie más que yo acaricie los rizos que terminan en su nuca, ni sienta sus manos grandes sobre su cuerpo. Soy egoísta y lo digo porque así lo siento. 

Podría pasarme horas hablando de su cuerpo, de su sonrisa burlona de niño pequeño, de su nariz torcida por un golpe del destino y de sus ojos oscuros. 



Sus ojos no son nada del otro mundo, aunque proceden de otro planeta. Su mirada me mata y por ella mataría. No hay nada de diferente que le haga tan especial, pero es por Él por quien despierto y con Él vuelvo a soñar. 

La peor sensación es sentir el vacío que deja cuando se va, y el mejor sonido del mundo es escucharle llegar, en un coche grande para que quepa todo Él, delgadito con el corazón de elefante. 

Con un "adiós princesa" se despide, dejándome en la ventana, esperando que vuelva a pasar y, en algún momento, no vuelva a irse jamás. 

Soy egoísta y le quiero solo para mí. Le secuestraría. A él, a su perro, a sus camisetas blancas y a sus vaqueros rotos. Todo él. Lo dijo Benedetti, yo lo leo y lo releo y solo pienso en Él. Porque Él existe donde quiera pero existe mejor donde le quiero.